sábado, 8 de marzo de 2008

Mano a mano


Veinte años no es nada.
En veinte, miles de amores me dejaron y cientos arrojé, tan lejos como pude.
Muchos amigos se fueron y otros llegaron para sumarse a los que ya estaban asentados sobre mis mismas bases.
En veinte, mi padre cambió de auto unas cuentas veces y vos te subiste a varios de ellos.

Por ésa época tus padres y los míos adquirieron un departamento que, casualmente, tenían la misma letra, estaban ubicados en distintos pisos, pero en un mismo edificio.
Justo a la mitad de la veintena cumplí quince y vos estabas ahí. Bailamos el vals. Todavía, recuerdo tus ojos mirándome como si no entendieras nada. Fuiste el último de la fila. Pedías auxilio. Tenías vergüenza. A mí no me importaba nada. Yo era feliz. No sé cuanto tiempo estuvimos dando las vueltas clásicas del vals. Creo que fueron unos cuantos minutos. Sin embargo, para mí fueron segundos.
Dos años más tarde, en una navidad, tuviste el coraje de decirme lo que te pasaba. Yo estaba acompañada, muy bien acompañada. Así que hice tripa y corazón y me fui.
¿Dos décadas? Para mí no fue tanto tiempo. El calendario debe estar equivocado. De todos modos, no me importa.
Crecimos. Eso parece.

Una carrera tocó a mi puerta y, hoy, me tiene presa de ambición. Vos tuviste otras historias. Varias, diría yo. Viajes, anécdotas y otras vivencias. Lo que hace que, hoy, seamos como somos. Estos.
Veinte años es mucho tiempo.
Ahora estoy en camino. Estoy nerviosa. Mis piernas tiemblan. Me pongo rouge. No quiero parecer tan pequeña. Aunque ya no lo soy. Ahora, soy una mujer.

Sentada en la parte de atrás de este auto pienso ¿Qué pensaras cuando me veas?
Tengo miedo. Igual, acá estoy.
¿Quién lo hubiera dicho?
Veinte, por este momento.
No me importa qué sucederá. Es la primera vez que no pienso en eso.
Bajo del auto. Estoy parada frente a tu puerta. Toco timbre. Se oye tu voz: “Ya voy”.
Desde afuera del edificio veo como el ascensor baja los pisos: 3, 2,1 y PB.
Miro a la calle. No quiero verte, pero muero por hacerlo.
Escucho el ruido de la puerta que se abre. Volteo y ahí estás vos.
“Veinte años”, pienso.

Acá, estoy yo.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

epa, mirá vos. y? qué pasó?

Anónimo dijo...

Hola, pasaba por aca y me gusto el blog. Tengo una duda: Estas historias son reales?
Bye

Lyon dijo...

Ja! No, todo ficción!
Este me gustó mucho, bien escrito.

Ninna Salusso dijo...

Gracias a ambos!

Anónimo: gracias x darte esta vuelta. Algunas historias son reales y otras no. Algunas robadas , prestadas y otras no.

Pasate cuando quieras.

Anónimo dijo...

esta escribiendo mucho mejor, mi pregunta, siguen las clases con el editor no? por lo visto no siguio la historia con el hermanito!bueno yo se lo dije hace unos meses, no se la crea bastante de linda y busquese una vida porque para re contra creidos esta el hermanito que no fue! mucha suerte con este veinte años atras, y recuerde q la gente no cambia solo miente un poco mejor. SUERTE

Perla B dijo...

No hay caso: la web es la careta menos original de los cobardes. Te banco Ninna. Besito

Ninna Salusso dijo...

Qué haces Perla querida!!!

Gracias x bancarme. Lo peor es que esto que escribí ni siquiera es autobiográfico y encima me lo elogian...jajajaja.

Yo también te banco ,nena.

Qué desastre Racing. Otro temaa!

Anónimo dijo...

que polèmica! a mi me gusto mucho linda.

Ninna Salusso dijo...

Gracia, gracia(Sin S, por favor).

Anonimus dixit , no? Te quiero mucho neni, a lot.