domingo, 30 de enero de 2011

El tiempo no pasó

En la oscuridad de la noche, en el jardín de esa casa, abrigados, aunque el cielo daba cátedra con sus estrellas y las nubes ausentes, descansaban para posarse al día siguiente en mi balcón.
Había un perro a lo lejos que no paraba de ladrar.
Ahí estabamos. De a ratos en silencio, de a ratos hablando sin parar y riendonos mucho.
Algunos con mochilas más pesadas, otros con valijas desgastadas que hacían ruido una vez que las movían. Experiencias, desilusiones, alegrías, infinitas tristezas, esperanzas.
Eramos los mismos de antes, los mismos de siempre, siete años después.