sábado, 31 de enero de 2009

Sabelo

De cerca, nadie es normal.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Historias de altamar

-“Tuve tiempo para pensar, sabés”, le dijo. “Pensé mucho en nosotros, en los que nos pasó…”
Rímini asintió mecánicamente con la cabeza. Sofía volvió a sonreír y lo miró con aire interrogativo, como invitándolo a algo.“Qué”, dijo Rímini, “qué pasa”
-“Vos”, dijo ella, “¿Pensaste algo?”
Rímini buscó, buscó, buscó, buscó pero el cuarto estaba completamente a oscuras.
-“Todo es demasiado reciente”, dijo.
-“Dale”, dijo Sofía, acercando un poco la cabeza hacia él como si le buscara el centro, ---“Algo tenés que haber pensado”.
-“No sé, no podría decirte”
-“Ey. Soy yo, Sofía. No te va a pasar nada ¿eh?”
Se quedaron unos segundos en silencio, inmóviles, ella muy cerca de él, mirándolo desde abajo, siempre esperando, mientras él fingía distraerse con las sombras que cruzaban cada tanto el fondo quemado de la calle. Algún plazo secreto debió de cumplirse, porque Sofía, suspirando, abrió la cartera y dijo: “Te escribí una carta”

(El Pasado, novela de Alan Pauls)



Revuelto, enredado, mezclado. Así está todo. No sé bien dónde estoy parada. ¿Mi vereda es ésta o la de enfrente? No creí que podría decir esto aunque te juro que muchas veces quise sentirlo. El viento golpea en mi cara y estoy sentada en un lugar inimaginable. Un lugar especial. De acá puedo ver la inmensidad de las cosas. Puedo apreciar el infinito mismo y comprobar que soy una nuez en el medio de la nada.
Es de noche y mientras el barco navega por el Río de la Plata comienzo a sentir la humedad de Buenos Aires. El viento golpea en mi cara y abajo unos señores limpian el piso del crucero. Hablan un idioma que no conozco. Dicen que los que se encargan de este tipo de tareas en el barco son tailandeses.
El cielo está repleto de estrellas, es la última noche de este viaje y el comienzo de una nueva etapa para mí. Realmente, se va a extrañar. ¿Vos crees?.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

martes, 9 de diciembre de 2008

Próximamente: Diario de un crucero


-Hola gordo ¿Cómo estás?
-Bien, laburando ¿vos?
-bien, bien. Oíme amore vas a creer que te estoy jodiendo, pero me acaba de pasar algo muy loco
-¿Qué te pasó?
-Me voy a un crucero
-¿Eh?¿un crucero?¿Cómo?¿Cuándo?
-Me voy. Alguien tenía que ir para hacer una nota e I creyó que si alguien se lo merecía era yo, así que me eligió a mi.
-¿Posta? ¡Uh, gordeeetaaaaaaa, te felicito! Me pone muy feliz. Te lo mereces.
-Supongo.
-Sí, mi amor ¡Qué bueno! La vas a pasar bárbaro
-Te voy a extrañar
-Yo también Yinya, pero la vas a pasar súper
-Sí, lo se. Además, ¿Cuándo voy a tener otra oportunidad de irme a un crucero por Brasil y gratis?
-Ni hablar ¿Y cuándo te vas?
-…El viernes
-¿?¿?¿
-Sí, el viernes 12.
-¡Ya!
-Sí, ya. Te amo…
-Yo también mi amor.
-Me tengo que ir.

-Llevate la bata coral....
-Obvioooooooooo. Bye
-Ciao.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Hot as ice

Retazos del amor

Extracción de la novela "El Pasado" de Alan Pauls.


El mundo brillaba como un objeto flamante y Rímini, cansado pero feliz, con la voracidad del extranjero que acaba de aterrizar, después de un viaje interminable, en una ciudad desconocida, estaba demasiado concentrado en habitarlo como para distraerse con el pasado. No pensaba en Sofía. A veces, a las dos o tres de la mañana, cuando volvía a Las Heras y se derrumbaba en la cama, se daba cuenta de que en todo el día no había pensando ni una sola vez en Sofía ni en nada que tuviera que ver con ella y no lo podía creer.

Era como si se la hubieran extirpado. Llegó a pensar que alguien, en algún momento-uno de esos tramos de tiempo que una máquina o un sabio loco roban de una secuencia y que luego, después de trabajar y atiborrarlo con toda clase de informaciones nuevas, reintroducen en la secuencia como si nada -, le habían hecho una limpieza mental, un lavado de cerebro de última generación, absolutamente perfecto (...)
Pero le bastaba comprobar la desaparición de Sofía para ponerse a pensar en ella, y en media hora- la última media hora que pasaba despierto, sin siquiera desvestirse, dando vueltas en la cama-reparaba los daños causados por su desaprensión.

Como el condenado que pretende atenuar su pena con trabajos voluntarios, Rímini barajaba recuerdos, pensamientos, escenas imaginarias protagonizadas por Sofía, y se preocupaba por acompañar cada evocación con la clase de emoción que la habría escoltado si hubiera brotado espontáneamente: Así cada noche, con un pie en la vigilia y otro en el sueño, Rímini se entristecía, tenía miedo, añoraba, se arrepentía,; odiaba y desfiguraba y se reconciliaba con el pasado, y cada noche, como otros rezaban una plegaria, rendía su tributo al amor muerto.