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viernes, 29 de julio de 2011
El fantasma
Me oprime, me quita el aliento, la respiración. Duele en lo más profundo, en lo más superficial. Gira por mi cabeza, da vueltas por el cuarto. Aparece en la cocina, en el balcón y en la terraza.
Me sigue a donde voy. Corre conmigo por todas partes. Lo extraño de todo esto es que ya no está presente, ni por acá, ni por allá. Pero está.
Desde mi ventana veo la sombra, siento sus pasos detrás de la puerta y escucho los ecos de aquel paredón.
Entonces me siento, rezo, pido y espero. Lo intento, juro y deseo. Pero nunca sucede. No desaparece. Sigue ahí. Hoy como ayer, espera en la puerta y sale conmigo, una vez más.
domingo, 22 de mayo de 2011
Yo te soñé
Tardé en despertarme hasta que caí en la cuenta de que había sido un sueño casi tan real que podía sentir tus labios con los míos.
Cruzábamos la calle y nos quedábamos parados, mirándonos en silencio, mientras la gente corría apurada a sus trabajos, a sus quehaceres cotidianos.
Nada importaba. Ni la lluvia que comenzaba a caer inesperadamente.
Eran tus manos, tus ojos detrás de otros lentes.
Era tu boca. Eras vos.
Cruzábamos la calle y nos quedábamos parados, mirándonos en silencio, mientras la gente corría apurada a sus trabajos, a sus quehaceres cotidianos.
Nada importaba. Ni la lluvia que comenzaba a caer inesperadamente.
Eran tus manos, tus ojos detrás de otros lentes.
Era tu boca. Eras vos.
jueves, 28 de abril de 2011
Dani, el loco de Vilo
Cuando me mudé lo primero que me dijo la inquilina después de darme la bendita llave del departamento fue: “Ah, y seguramente te cruces con un muchacho que vive acá a la vuelta. No te asustes. Es inofensivo”.
A la semana siguiente tuve mi primer contacto con él. Iba para el supermercado y me lo crucé en la calle. Estatura media, canoso, anteojos de marco grueso marrón (como los que están de moda ahora, sólo que estos son originales, heredados de algún antepasado que evidentemente era miope), labios gruesos, bien gruesos, jeans gastados y polar azul.
Caminaba muy rápido, como si estuviera corriendo una de esas maratones en las que se camina muy ligero, pero muy ligero. Supuse que sería él. Efectivamente. Estaba frente a “Dani, el loco de Vilo” (ese fue el apodo que me permití ponerle una tarde de sábado mientras iba al chino). Debo admitir que al principio este Dani me causó gracia, pero una vez que pasó el tiempo y pude conocer un poco más de su historia me dio ternura.
Dani había nacido con una especie de locura incurable, de esas que no se quitan con psicofármacos ni internaciones, de las que estás medio tiempo en la Tierra y medio en algún planeta desconocido. Para el caso, no me preocupaba porque en verdad era inofensivo.
Trabajaba en el supermercado chino de la esquina llevando bolsas de mercadería a los clientes y de vez en cuando le hacía algunas diligencias al tintorero, también chino, que siempre le daba un té con vainillas. Extraña combinación. Cada vez que nos cruzábamos me saludaba e instantáneamente bajaba la mirada y salía disparado en sentido contrario.
Una tarde fuimos con H, una de mis más intimas amigas, a comprar vino para mi cumpleaños de 27. El supermercado estaba vacío, raro porque generalmente estaba repleto de gente. Buscábamos un vino rico para completar el arsenal de bebidas alcohólicas que nos esperaban para festejar lo infestejable (mis 27 fueron tristísimos, duros y tristísimos) hasta que H, medio riéndose y medio sorprendida me dijo: “Che…N…no te quiero asustar pero detrás de la góndola de galletitas hay un tipo que nos está espiando. Date vuelta disimuladamente…”. Y sí, era Dani que se escondía no sé muy bien de que, lo cierto es que cuando me miró salió corriendo como si hubiera visto al diablo.
Después de eso, no lo vi por un tiempo hasta que volví a cruzarlo cerca de la estación. Llevaba unas bolsas con verduras y caminaba, como siempre, muy rápido detrás de una señora gorda de pelo blanco que le gritaba a su perro “¡salí de ahí! ¿qué te dije, che? ¡salí de ahí carajo!”.
Nunca entendí bien que le pasó. Desde esa tarde no volvió a saludarme. Es más, cada vez que me ve sale corriendo. A veces me preguntó que pasará por su cabeza. Qué habrá visto en mí. Algún día antes de irme del barrio voy a preguntárselo.
domingo, 30 de enero de 2011
El tiempo no pasó
En la oscuridad de la noche, en el jardín de esa casa, abrigados, aunque el cielo daba cátedra con sus estrellas y las nubes ausentes, descansaban para posarse al día siguiente en mi balcón.
Había un perro a lo lejos que no paraba de ladrar.
Ahí estabamos. De a ratos en silencio, de a ratos hablando sin parar y riendonos mucho.
Algunos con mochilas más pesadas, otros con valijas desgastadas que hacían ruido una vez que las movían. Experiencias, desilusiones, alegrías, infinitas tristezas, esperanzas.
Eramos los mismos de antes, los mismos de siempre, siete años después.
Había un perro a lo lejos que no paraba de ladrar.
Ahí estabamos. De a ratos en silencio, de a ratos hablando sin parar y riendonos mucho.
Algunos con mochilas más pesadas, otros con valijas desgastadas que hacían ruido una vez que las movían. Experiencias, desilusiones, alegrías, infinitas tristezas, esperanzas.
Eramos los mismos de antes, los mismos de siempre, siete años después.
martes, 23 de noviembre de 2010
Simplemente no te quiere
Confundí sus espinas con rosas y no supe ver lo que sus palabras querían decir en realidad. El mensaje era claro, sólo que yo, obstinada y corajuda, insistí hasta chocarme con la verdad. Jugué el juego del “te quiero”, y me aferré a su espalda porque era la más parecida, y me sostuve. Me colgué de ella como solía hacerlo en aquellos días, pasé mi mano por su hombro, apoyé mi cara contra su espalda y cerré los ojos. Tantos meses, tantos meses y tantos meses.
Me acerqué a su cuerpo para no sentir el frío del invierno, y, una vez más, me abracé a su espalda. Una y otra vez, una y otra vez. Las noches pasaron y con ellos los días, y sin darme cuenta me sentí invencible. Me creí el guión y compré todos sus personajes. A tal punto, que hasta los premié. Parecían sinceros y se veían muy lindos. Es que me olvidé que eran personajes y me creí su ficción. A pesar de esto, seguí agarrada a su espalda y, en más de una ocasión, hice fuerza para no caerme, pero me caí, Y Como era de esperar, caí sola. Es que confundí el sol con la luna y creí que había un lugar para mí en los dos. Equivocada estaba, ¿No había un lugar para mí en su mundo? Y así seguí. Caminé sin dirección intentando entender lo que pasaba. Me culpé varias veces por no poder hacerlo, por no poder lograrlo. Me tildaron de “mendiga del amor” y me dijeron que era difícil soportar mi situación. Es que se ve que nadie quiere acompañar a una persona que sufre por un ser querido. Es demasiado, me dijeron, y creí encontrar las respuestas a todas mis preguntas. Caí en la cuenta de lo errada que estaba y de que había confundido sus ojos con las estrellas que descansan en el cielo y, como siempre, me perdí.
Me quedé con las manos llenas y el alma vacía. Con la certeza de que, una vez más, nadie quiere mi amor.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Rara como perdida
Acostumbrada a cargar con la imagen me encontré arriba de un tren sin rumbo. Tenía la mente ocupada, el alma tiesa y las manos vacías. Pero algo tenía. Una colección de recuerdos, una espina clavada o, tal vez, era lo que creía.
Desconozco los pasos, cambié el camino. Mis palabras ya no son las mismas, y hasta quizás sean mejores. No hay recuerdos en mi baño, y hasta quizás sea mejor. Las plantas de mi balcón ya dieron flores, y hasta quizás sea una buena señal.
Ahora ya no tengo pesadillas. Sólo sueño con el presente. Con los presentes.
Mi cuerpo baila con la almohada, mi mente desayuna tostadas mientras lee el diario, y mi alma toma el té con la soledad.
Algo cambió. Algo se fue. Algo llegó. Algo…
Desconozco los pasos, cambié el camino. Mis palabras ya no son las mismas, y hasta quizás sean mejores. No hay recuerdos en mi baño, y hasta quizás sea mejor. Las plantas de mi balcón ya dieron flores, y hasta quizás sea una buena señal.
Ahora ya no tengo pesadillas. Sólo sueño con el presente. Con los presentes.
Mi cuerpo baila con la almohada, mi mente desayuna tostadas mientras lee el diario, y mi alma toma el té con la soledad.
Algo cambió. Algo se fue. Algo llegó. Algo…
miércoles, 13 de octubre de 2010
Palabras más, palabras menos
Y así fue que implementé lo que vengo aprendiendo en mis clases de box. Un buen golpe a tiempo, a veces, es la mejor solución:
L dice: gracias N! necesitaba esta cachetada...jajaj. Menos mal q te hablé, sino me mandaba la del año.
N dice:no hay de que. Hoy por ti, mañana, seguramente, sea por mí. Asíque no dudes en cachetearme si estoy por mandarme alguna.
L dice: Ahí estaré para hacerlo. Lo único, espero que no me la devuelvas porque me cagas a piñas :-)
L dice: gracias N! necesitaba esta cachetada...jajaj. Menos mal q te hablé, sino me mandaba la del año.
N dice:no hay de que. Hoy por ti, mañana, seguramente, sea por mí. Asíque no dudes en cachetearme si estoy por mandarme alguna.
L dice: Ahí estaré para hacerlo. Lo único, espero que no me la devuelvas porque me cagas a piñas :-)
miércoles, 29 de septiembre de 2010
(In)directa
20:30 de un miércoles, fila interminable en el supermercado chino.
Cada vez que vengo a comprar en este horario me acuerdo que, la última vez, prometí no volver a hacerlo. Pero claro, siempre se me olvida y vuelvo a caer en la trampa del supermercado chino. Entonces, mientras espero a que me cobren me tiento con las mil y un golosinas que aparecen en el camino.
Sin embargo, esta vez fue distinto. Alguien me salvó de caer en el intento. ¿Quién? Mi vecino. ¡No! ese no. El otro. El que hace macetas con flores dadas vuelta. El que más me habla de los dos. El que saca a pasear al perro todas las noches y me cruza de regreso a las cinco della mattina cuando aterrizo al depto 7. Ése, el que creía que tenía novia, perdón, esposa. Bueno, parece que ya no la tiene, o nunca la tuvo o ya no le importa.
V:-¡Hola! ¿Cómo va tanto tiempo?.
N: ¡Uh! ¿Qué haces, che? acá, comprando algunas cositas (automáticamente suelto el shot y meto mi mano en el saco).
V: ¿Cómo va eso? ¿El laburo?.
N: Bien, cansada, pero bien.
V: ¿Viste mi página al final?.
N: ¡Sí! Me re gustaron tus creaciones. Me quiero comprar una, pero no sé bien cual. Para ese tipo de cosas no sirvo.
V: Jaja, pero no te preocupes. Un día voy a tu casa y vemos si querés, te ayudo a elegir.
N: …Bueno…
V: ¿Qué vas a cocinar?.
N: Mm …tarta…
V: Muy sano, bien.
N: Vos, vas a tomar cerveza…
V: Jaja, sí y una picadita.
N: Está muy bien.
V: Che, pero no seas tonta, en serio te digo, si te gustan algunas de mis plantas avísame y te ayudo a decorar tu casa.
N: ¡Ah!...bueno…
V: Bueno, me voy. Mandame un mail ¿Dale? total es el mío…es personal.
N:……
V: El rojo te queda bonito.
N: …..
Cada vez que vengo a comprar en este horario me acuerdo que, la última vez, prometí no volver a hacerlo. Pero claro, siempre se me olvida y vuelvo a caer en la trampa del supermercado chino. Entonces, mientras espero a que me cobren me tiento con las mil y un golosinas que aparecen en el camino.
Sin embargo, esta vez fue distinto. Alguien me salvó de caer en el intento. ¿Quién? Mi vecino. ¡No! ese no. El otro. El que hace macetas con flores dadas vuelta. El que más me habla de los dos. El que saca a pasear al perro todas las noches y me cruza de regreso a las cinco della mattina cuando aterrizo al depto 7. Ése, el que creía que tenía novia, perdón, esposa. Bueno, parece que ya no la tiene, o nunca la tuvo o ya no le importa.
V:-¡Hola! ¿Cómo va tanto tiempo?.
N: ¡Uh! ¿Qué haces, che? acá, comprando algunas cositas (automáticamente suelto el shot y meto mi mano en el saco).
V: ¿Cómo va eso? ¿El laburo?.
N: Bien, cansada, pero bien.
V: ¿Viste mi página al final?.
N: ¡Sí! Me re gustaron tus creaciones. Me quiero comprar una, pero no sé bien cual. Para ese tipo de cosas no sirvo.
V: Jaja, pero no te preocupes. Un día voy a tu casa y vemos si querés, te ayudo a elegir.
N: …Bueno…
V: ¿Qué vas a cocinar?.
N: Mm …tarta…
V: Muy sano, bien.
N: Vos, vas a tomar cerveza…
V: Jaja, sí y una picadita.
N: Está muy bien.
V: Che, pero no seas tonta, en serio te digo, si te gustan algunas de mis plantas avísame y te ayudo a decorar tu casa.
N: ¡Ah!...bueno…
V: Bueno, me voy. Mandame un mail ¿Dale? total es el mío…es personal.
N:……
V: El rojo te queda bonito.
N: …..
lunes, 27 de septiembre de 2010
Carta a un padre
No sé porque tardé tanto en escribirte. Cuando era chica lo hacía más a menudo. Odiaba las matemáticas, entonces aprovechaba esa hora para hacerte dibujos y soñar con que algún día sería actriz.
Nada resultó como lo esperábamos ¿no?. Ni siquiera esto.
A veces me pregunto ¿En qué pensas cuando estás tan callado? ¿Qué pensas de mí? ¿Sigo siendo tu preferida? ¿Estarás orgulloso de lo que soy?.
Anoche, mientras dormías, me acordé del día en que me enseñaste a manejar. Me dijiste que diera una vuelta manzana y que me animara a entrar el auto por el portón. ¿Te acordás? Nunca me retaste por haberlo roto. Todo lo contrario a mamá que salió con una franela en la mano. ¡Nos quería matar a los dos!.
También recordé el día en que me recibí. Me miraste desde arriba, y con una sonrisa en tu cara me tiraste un beso. De esos que me dabas cuando te ibas a trabajar por las mañanas y yo quería ir con vos porque quería jugar con la masa de las facturas.
Ahora te miro y parece mentira que estés así. Ojalá pudiera aliviar tu dolor, esa maldita agonía que nos tiene a todos en vilo. Ojalá pudiera cambiar las cosas babbo, pero no puedo. No puedo hacer que no te duela. No puedo retroceder el tiempo. Veo como lentamente tu luz se apaga, tu mirada cambia, de a poco te vas, y hay tantas cosas que nunca te dije.
Idiota yo al haber callado tanto tiempo. Egoísta por no haberte prestado más atención cuando hablabas de recetas. Ciega al no reconocer los momentos en los que tenía que haberme quedado con vos. Gracias por estar a mi lado en las buenas y en las malas. Gracias por acompañarme en mis delirios artísticos. Gracias por tus mates y las caminatas al muelle de Miramar. Gracias por explicarme los secretos del mar y de los árboles. Gracias por juntar caracoles, oír mis canciones y abrazarme cuando más lo necesité.
Hoy te traje flores porque, ayer, empezó la primavera. ¿Te gustan? Quedate tranquilo que, esta vez, no van a haber fotos. No voy a pedirte que poses para mi clase.
Una cosa más ¿Si la ves a la nonna Luisa le mandás un beso de mi parte? Decile que a ella también la quiero y que no hay un día que no la recuerde.
Te voy a extrañar. El día que me faltes te voy a extrañar hasta los huesos. Te amo babbo…y no hace falta que me digas nada.
A partir de ahora, nos sobran las palabras, nos sobran los motivos. A partir de ahora babbo, parliamo con il cuore.
domingo, 8 de agosto de 2010
Abrir la mano
Las gotas caían, lentamente, una detrás de la otra. En la habitación había un absoluto silencio y mi padre descansaba, mientras yo contaba cada una de las gotas que caían en el tubo que estaba conectado a su brazo.
Era de noche, una más en el sanatorio. Las enfermeras ya me conocían, y los doctores también. Es que mi padre estaba internado desde hacía 15 días, con ánimos de mejorarse. Tal vez, quizás.
Y fue esa noche, en la que mi padre me preguntó cómo había llegado hasta ahí, cómo estaba el clima y me rogó que, por favor, lo devolviera a su casa.
Fue esa noche cuando, entre gota y gota, corrieron el velo que tenía en mis ojos y pude ver con claridad la situación. Fue en ése preciso momento que me dí cuenta lo equivocada que había estado al creer que el blanco era blanco cuando en, realidad, era muy negro.
Esa noche acepté que no hay peor ciego que el que no quiere ver y que, por más que le hubiera rogado, nunca habría estado ahí para abrazarme y sostenerme en esa situación.
Esa noche, por fin, lo solté para siempre.
Era de noche, una más en el sanatorio. Las enfermeras ya me conocían, y los doctores también. Es que mi padre estaba internado desde hacía 15 días, con ánimos de mejorarse. Tal vez, quizás.
Y fue esa noche, en la que mi padre me preguntó cómo había llegado hasta ahí, cómo estaba el clima y me rogó que, por favor, lo devolviera a su casa.
Fue esa noche cuando, entre gota y gota, corrieron el velo que tenía en mis ojos y pude ver con claridad la situación. Fue en ése preciso momento que me dí cuenta lo equivocada que había estado al creer que el blanco era blanco cuando en, realidad, era muy negro.
Esa noche acepté que no hay peor ciego que el que no quiere ver y que, por más que le hubiera rogado, nunca habría estado ahí para abrazarme y sostenerme en esa situación.
Esa noche, por fin, lo solté para siempre.
lunes, 28 de junio de 2010
Varada en el tiempo
Vacía, perdida. Ausente en vida. Una sombra. Un fantasma que se pasea por los pasillos de lugar. Los ojos perdidos en un punto fijo, sin pestañar. Se lleva el cigarrillo a la boca, y mientras el mundo le habla al oído recuerda. No piensa, no siente. Sólo recuerda.
Su aquí y ahora ya no existe. Su lugar es otro, irreal.
Allá, donde el atardecer asomaba al final del camino, detrás de aquella sierra, escondida en ese jardín, acurrucada en el piso de arriba donde ellos sabían hacer su juego. En medio del altar que nunca fue camina entre la gente y escucha canciones que, por estos días, ya no corren.
Suspendida, paralizada. Expulsada hacia un pasado sin final y un presente sin comienzo. Vive entre luces y sombras. Atormentada por imágenes que van y vienen a la velocidad de la luz. Destellos de historias golpean su cara, cicatrices que nunca cerraron, hoy. llaman a su puerta.
Ecos, palabras, suspiros, tragedias, risas, momentos, paisajes, traiciones, historias, abrazos, promesas, valores, intuiciones, pentagramas, frases, miradas.
Vive suspendida en el tiempo imaginando el sueño que nunca fue y que, bien sabe, ya no será.
miércoles, 2 de junio de 2010
Buenos vecinos
Habrá creído que tengo canje con Adidas, que me gusta el hip-hop o, simplemente, que soy un verdadero desastre. Puede que sea esta última. Lo cierto es que no esperaba, para nada, su visita.
La música estaba al máximo y mis gritos seguramente los podía escuchar Aurelia, la del primer piso.
De un momento a otro mi puerta sonó, como nunca sonó antes en la vida, y pensé que había sido mi imaginación. Bajé el volumen, alerta, esperé un nuevo golpe. Sabía que muchas opciones no habían: mi vecina, “la loca”, pidiéndome el secador de pelo, alguno de otro piso suplicando mi adhesión a algún reclamo o, la menos posible, mi vecino del 8, Matías, el contador más simpático del mundo, ¿invitándome a salir? Tal vez.
Sabía que cualquiera de estas opciones podían ser viables, menos esta última, algo imposible, absurdo, inaccesible, inverosímil, ya que creo que mi vecino, el contador más simpático del mundo, es gay.
La puerta volvió a sonar y confirmé que no era producto de mi imaginación, sino que efectivamente había alguien detrás de mi puerta.
-¿Quién es?
-N, soy Matías. Quería hacerte una pregunta.
Estoy en mi día de suerte, ¡Milagro! ¿Voy a morir?, Me va a pedir algo, ¿Habrá pasado algo?, pensé, pero al abrir recordé que mi facha no era la más indicada.
Tarde. Su sonrisa esperaba del otro lado de la puerta.
-¿Cómo va? Mirá quería consultarte si estaba todo bien…
-¿Mm?…
-Es que después de las piedras de aquella vez, al del 11 se le levantó el piso, mi techo gotea y el del 13 tiene una mancha de humedad terrible y otra en el baño que hizo que el techo se descascare y bueno…
-¡Ah!, no mirá, a mi no me pasó nada. Bah, eso creo.
-No, bueno, por lo que veo está todo bien
-Sí, si…por ahora
-Bueno si llegas a necesitar algo…
-Dale…sí, te toco la puerta.
-Sí.
Ahora vengo a enterarme, de casualidad, porque el del 15 me dejó su tarjeta, que a todo esto dice que hace plantas para colgar al revés, que Matías, mi vecino el contador, no es contador, sino periodista, que trabaja en una empresa en la parte de relaciones institucionales y que todos en este lugar piensan y creen que soy el personaje del edificio.
Por mi parte, y después de una larga charla con todos los habitantes de Tapiales puedo decir que son buena gente, divertidos, lindos, muy lindos y que, al final, nada es lo que parece.
Ni si quiera yo.
sábado, 29 de mayo de 2010
¿Todos mis caminos conducen a vos?
Cortito y al píe sentenció apoyado en la pared, mientras yo revisaba los contactos de la agenda de mi celular:
“Ya vas a ver. Vos estás destinada a estar conmigo, a casarte conmigo. Sos vos. Yo sé que sos vos. Buscá, revisá, fijate, investigá, pero te vas a dar cuenta que soy yo y cuando te canses de hacerlo, sé que vas a venir a decirme: tenías razón. Ahora quiero estar con vos. ¿Y sabés qué? Yo voy a estar esperándote”.
“Ya vas a ver. Vos estás destinada a estar conmigo, a casarte conmigo. Sos vos. Yo sé que sos vos. Buscá, revisá, fijate, investigá, pero te vas a dar cuenta que soy yo y cuando te canses de hacerlo, sé que vas a venir a decirme: tenías razón. Ahora quiero estar con vos. ¿Y sabés qué? Yo voy a estar esperándote”.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Confesiones de una prima
Charla vía MSN:
N:Estoy a 2 de los 30 ¡Terrible!
L: ¿Porqué terrible?
N: ¿Me estás cargando?
L: jajaja, no posta te pregunto...sos una mina muy linda, excelente profesional, vivís sola...
N: ...
L: si yo fuera hombre... me casaria con vos.
N:Estoy a 2 de los 30 ¡Terrible!
L: ¿Porqué terrible?
N: ¿Me estás cargando?
L: jajaja, no posta te pregunto...sos una mina muy linda, excelente profesional, vivís sola...
N: ...
L: si yo fuera hombre... me casaria con vos.
martes, 4 de mayo de 2010
Confesión de una vecina
La primera vez que nos vimos me dijiste que cualquier cosa que necesitara, no tenía más que tocar tu puerta, la 8, más precisamente.
A los dos días eso hice. Necesitaba un abridor de lata, pero nunca respondiste. Esa noche cené fideos con oliva.
Después de eso, nos cruzamos varias veces. Una vez en la avenida, varias en el palier del edificio, a oscuras por las escaleras, en tu puerta y en la mía.
No te conozco y no me conoces. Sólo sé que te gusta Aristimuño, igual que a mí y que ves muchas películas, igual que yo.
Horarios raros, movimientos raros, caminás raro, sos un freak.
Sólo sé que te llamás Matías, igual que mi gran ex, y que por lo que veo, estás soltero.
Más soltero que yo, más feo que él, pero que si querés, un día de estos, te invito a comer una spaghettata a casa. ¡Vos trae el postre!, obvio.
A los dos días eso hice. Necesitaba un abridor de lata, pero nunca respondiste. Esa noche cené fideos con oliva.
Después de eso, nos cruzamos varias veces. Una vez en la avenida, varias en el palier del edificio, a oscuras por las escaleras, en tu puerta y en la mía.
No te conozco y no me conoces. Sólo sé que te gusta Aristimuño, igual que a mí y que ves muchas películas, igual que yo.
Horarios raros, movimientos raros, caminás raro, sos un freak.
Sólo sé que te llamás Matías, igual que mi gran ex, y que por lo que veo, estás soltero.
Más soltero que yo, más feo que él, pero que si querés, un día de estos, te invito a comer una spaghettata a casa. ¡Vos trae el postre!, obvio.
viernes, 16 de abril de 2010
Doctor Amor
Quiero curarme definitivamente. Dejar de rezar por las noches, olvidarme de que estás ahí. Despertar un buen día y no sentir el dolor, no ver las marcas que siguen creciendo en esa parte de mi cuerpo, no necesitar de remedios ni recetas mágicas.Remedios chinos e infalibles que no hacen otra cosa que apaciguar lo que está engendrado, lo que crece.
Quiero volver atrás. Posicionarme en el momento en el que empecé a enfermarme. Reconocer el error de no haber evitado el contagio y de no haber escuchado al médico. “Esto no tiene cura”.
Tendría que haberme vacunado contra este mal y no lo hice. Ahora, las manos me pesan, los brazos me pesan, las piernas me pesan, los ojos me pesan…no tanto como el corazón. Ahora sólo quiero caer desmayada entre tus brazos como la primera vez y que me digas que todo va a estar bien. Que tus palabras me lleguen tanto como tus abrazos. Dejar de llorar cada vez que lo hacemos por darme cuenta que la peor enfermedad que enfrenté durante los últimos dos años de mi vida fue el desamor.
Quiero volver atrás. Posicionarme en el momento en el que empecé a enfermarme. Reconocer el error de no haber evitado el contagio y de no haber escuchado al médico. “Esto no tiene cura”.
Tendría que haberme vacunado contra este mal y no lo hice. Ahora, las manos me pesan, los brazos me pesan, las piernas me pesan, los ojos me pesan…no tanto como el corazón. Ahora sólo quiero caer desmayada entre tus brazos como la primera vez y que me digas que todo va a estar bien. Que tus palabras me lleguen tanto como tus abrazos. Dejar de llorar cada vez que lo hacemos por darme cuenta que la peor enfermedad que enfrenté durante los últimos dos años de mi vida fue el desamor.
martes, 13 de abril de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
Un hijo no buscado
Está ahí parado en el balcón. Lo miro y pienso en la manera de deshacerme de él.
“A la madrugada cuando todos duermen, lo bajo y lo deposito en la vereda”, le cuento a mis compañeros de trabajo. A una de ellas se lo quise encajar. Me dijo que lo quería, pero ya pasaron casi dos meses desde que me mudé y sigue ahí, parado en el balcón.
La dueña del departamento me lo dejó encargado. “Por favor, lo único que te pido es que me lo cuides. Si querés se lo llevas a tu mamá, pero no lo dejes morir”.Maldigo la hora en que le aseguré que, en mis manos, iba a estar a salvo.
Con mi hermano mayor queríamos llevarlo a la ruta y buscarle un hogar “más ameno”. Después pensamos que con el smog y el humo de los autos, pobre, es mejor que siga viviendo en el balcón. Aunque ya no le alcance el lugar para seguir creciendo. Aunque no se lleve bien con el vecino. Aunque llore o parezca que llore.
De a ratos me olvido de él. A veces lo veo desde abajo y, a decir verdad, le da cierta vida al lugar, pero no puedo ocuparme de él. Gracias que puedo hacer algo conmigo.
Es como si fuera un hijo. Un hijo no buscado que aterrizó. Un forro pinchado, un accidente. Cuando llegué Eugenio ya estaba ahí. Un ficus verde, ahora quasi amarrillo, grande, mejor dicho enorme. Se llama Eugenio. Lo bauticé con un nombre que nunca me gustó.
Eugenio estuvo en el mismo lugar por mucho tiempo. Mucho antes de que llegara yo.
Y ni bien entré lo ví, y no le pude decir que no. Me miraba triste, buscando que lo quieran. Y yo no sé si lo quiero porque no fue buscado, pero tampoco lo puedo abandonar en la vereda de mi casa y salir corriendo.
No puedo. No me da el corazón. Siento que si lo hago voy a tener pesadillas con él.
Voy a darlo en adopción y prometo no buscarlo. Lo prometo.
jueves, 18 de marzo de 2010
Charlando con un ex
N: Qué pasa?
L: Nada.
N: Qué tiene de malo?
L: Es raro.
N: Qué es lo raro?
L: Y...hacés box, te gusta un tanguero,¿Estás segura de que estás bien? Querés contarme algo? Redescubriste tu sexualidad?.
viernes, 19 de febrero de 2010
El karma del tango
En el piso de abajo, más precisamente, en el 1 "2" vive una señora mayor que adora sentarse en el balcón a tomar mate, y como si se tratara de un asunto policial, cada vez que llego con el auto me espía. Se hace la distraída , pero me espía cada vez que entro con alguna pertenencia.
¿Su nombre? todavía no lo sé, pero si hay algo que tengo claro es que "estamos en píe de guerra":
"Rara...como encendida
te hallé bebiendo linda y fatal...
bebías y en el fragor del champagne,
loca, reías por no llorar...
Pena me dio encontrarte
pues al mirarte yo vi brillar
tus ojos con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré..."
Todas las mañanas se despierta con el mismo tema. Y para ser sincera siento que es una señal que viene del más allá, es algo personal entre la vida, esta señora y mi persona. Como cuando una cree que está embarazada y no hace otra cosa que cruzarce embarazadas en el tren, en el subte, por la calle o con carteles que dicen "Evatest" y "Asiento reservado para embarazadas". Esto es igual.
Ahora que el tango llegó a mi vida y yo lo quiero desechar mi vecina me recibe, todos los putos días, con Enrique Cadícamo.
Entonces, el camino se hace previsible, bajo un piso, bajo el otro y ahí está:
"Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué me importa que se rían
y nos llamen los mareados!...
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos a vernos más..."
Y ahora que me acuerdo, mi mejor amigo, el único mejor amigo varón que tuve en toda mi vida me regaló este tango en una hoja cuadriculada al final de una clase de matematica, en quinto año.
"Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor...pesar...dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!...
Y, sin embargo,
¡ay!,mirá lo que quedó...".
¿Su nombre? todavía no lo sé, pero si hay algo que tengo claro es que "estamos en píe de guerra":
"Rara...como encendida
te hallé bebiendo linda y fatal...
bebías y en el fragor del champagne,
loca, reías por no llorar...
Pena me dio encontrarte
pues al mirarte yo vi brillar
tus ojos con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré..."
Todas las mañanas se despierta con el mismo tema. Y para ser sincera siento que es una señal que viene del más allá, es algo personal entre la vida, esta señora y mi persona. Como cuando una cree que está embarazada y no hace otra cosa que cruzarce embarazadas en el tren, en el subte, por la calle o con carteles que dicen "Evatest" y "Asiento reservado para embarazadas". Esto es igual.
Ahora que el tango llegó a mi vida y yo lo quiero desechar mi vecina me recibe, todos los putos días, con Enrique Cadícamo.
Entonces, el camino se hace previsible, bajo un piso, bajo el otro y ahí está:
"Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué me importa que se rían
y nos llamen los mareados!...
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos a vernos más..."
Y ahora que me acuerdo, mi mejor amigo, el único mejor amigo varón que tuve en toda mi vida me regaló este tango en una hoja cuadriculada al final de una clase de matematica, en quinto año.
"Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor...pesar...dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!...
Y, sin embargo,
¡ay!,mirá lo que quedó...".
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